Madre no hay más que una

(…)de nuevo en la carretera y ahora si, por unas curvas de infarto, llegamos a Peón. Parada en Casa Pepito a tomar algo, restaurante muy popular de la zona. De ahí, salimos en busca de la Playa de Rodiles. No está muy bien señalizada, que digamos, y acabamos en El Puntal, a 7 kilómetros antes de entrar en Villaviciosa. Situado en la desembocadura de la ría. Preguntamos a un hombre por donde se llegaba a Rodiles. Estaba “a dos pasos” de donde nos encontrábamos, pero para llegar en coche había que meterse en la propia Villaviciosa y coger un desvío.

Después de unos 12 kilómetros, llegamos a nuestro destino. Rodiles. Una playa asediada por un frondoso pinar que la separaba de la población. Apenas cinco personas paseando. Poco a poco iba anocheciendo y el ambiente se tornaba en una tonalidad azul muy interesante. Mi madre: -¡Sergio, que aquí ya no se ve nada!, ¿Qué haces?-. En ese instante me limité a disparar, para qué iba a explicarle lo que buscaba… si ya lo había encontrado.

Ya no se veía nada. Era hora de volver para casa y mi madre, se había comportado como una verdadera jabata.

Si es que madre, no hay más que una.

Mi madre en la playa de Rodiles. Villaviciosa (Asturias) 2011 ©Sergio López

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