En el Pozo de San Antonio

(…) me bajé del tren. Desubicado. No tardé en ver la torre del Pozo de San Antonio a lo lejos. Las instalaciones estaban cercadas y para acceder a su interior había que saltar una vaya.

Al pasear por aquel lugar me encontraba como pez en el agua. Sin la presencia de nadie que me obligara a salir de allí. Se encontraba todo en muy malas condiciones, era peligroso. Por no andar con cuidado, más de una vez tropecé con uno de los raíles por los que en otros tiempos solían circular las vagonetas.

Todavía se podían ver las paredes ennegrecidas por el carbón. La pintada que algún trabajador había dejado plasmada en ellas, sus ropas, mascarillas, sus taquillas… Aquello era fiel muestra de lo que anteriormente se había vivido en aquel lugar.

Recorrí todos sus rincones: sala de maquinaria, lavado e incluso vestuarios. Había sitios en los que pisar o no pisar se convertía en un dilema, y más en la oscuridad de las dependencias. Solo una escasa luz entraba por unos pequeños ventanales.

Pozo de San Antonio. Moreda (Aller, Asturias) 2011 ©Sergio López

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