Desde bien pequeño siempre me sentí atraído por la fotografía: técnicamente eran fotos malas, si, ¡pero por lo menos lo intentaba!. Con más edad, en la adolescencia, era fácil gastarme el dinero destinado a fotocopias y material escolar en rollos de película, para montarme mis propios carretes. No me hacía falta nada más. Ya en el instituto tuve mi primer contacto con la cámara oscura; quien me iba a decir a mí que con una simple caja de zapatos y unos cuantos arreglos conseguiría inmortalizar, en un papel sensible, aquel muro que rodeaba el Menéndez Pidal.

En el 2008 tome una de las mejores decisiones de mi vida y tuve la oportunidad de ingresar en la Escuela de Arte de Oviedo, donde acabé titulándome como Técnico Superior en Fotografía y Artes Plásticas. Durante aquellos años pude conocer la técnica, la historia de la fotografía escrita por esos fotógrafos que, con el tiempo, se convertirían en un ejemplo a seguir. En el 2010, finalizaba mi etapa como estudiante con la entrega de un proyecto centrado en mi tierra bajo el título: “Asturias, dende los míos güeyos” (Asturias, desde mis ojos). A lo largo de seis meses mi objetivo principal fue capturar la esencia de Asturias; de sus gentes y de sus rincones.

La pronta incursión en los medios de comunicación como fotógrafo de prensa en La Voz de Avilés (El Comercio) me invitó a interesarme por la realidad de la gente y de las cosas, ayudándome a madurar no solo como fotógrafo, sino como persona. No había días iguales; podía darse el caso de estar recogiendo las impresiones de los vecinos del barrio marginal de La Cabián, a los diez minutos encontrarme en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento retratando el perfil de Rossy de Palma y poco después despedir el día disparando en uno de los estrenos del Teatro Palacio Valdés. Aprendí, día a día, a disfrutar de mi trabajo junto a colegas de profesión. En el 2013, empezaba a colaborar activamente con agencias de prensa y publicaciones de ámbito cultural.

Paralelamente, ese mismo año, ¡fue mi primera vez!. Cubrí mi primera boda; tuve la oportunidad de aplicar mi experiencia como fotoperiodista  en un área como el de la fotografía social. Un punto y aparte a una experiencia enriquecedora que acabo involucrándome, más si cabe, en la vida de las personas. Empecé a ser testigo de Si quieros; de bienvenidas a los más pequeños; de lágrimas, sonrisas; de miradas cómplices encontradas, algunas enamoradas. Esos instantes daban como resultado imágenes cargadas de una línea documental característica, claramente influenciada por mi labor como fotoperiodista, donde la magia reside fundamentalmente en la espontaneidad del momento. En un simple gesto.

A día de hoy, mi compromiso con el mundo de la imagen es pleno, adaptándome en todo momento a las necesidades que se puedan presentar. Aportando soluciones, perfeccionando los aspectos funcionales de la imagen en cualquiera de sus facetas, pero sobre todo con la intención conoceros, trabajar y disfrutar.

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