Luz de cuarentena: cambio de costumbres

Me despierto. Abro los ojos y todo sigue igual. Es como el día de la marmota. Lo primero que hago nada más levantarme es abrir la ventana del balcón y ver el día que hace.

Antes era diferente. A mitad de semana y con un cielo negro, es probable que la gente añorase un «finde de manta y peli». Ahora no. Ya pueden caer quinientos litros por metro cuadrado, os aseguro daría lo que fuese por bajar ahí abajo y hacerme una travesía por la calle Gijón. A lo David Meca. Los días de sol hoy por hoy son diferentes. Abres todas las ventanas. Dejas que entre luz. El ambiente es más luminoso. Apetece quedarse en casa. Te haces hueco entre los geranios y puedes hasta tomar el sol en el balcón. Si tienes. Así que puedo estar satisfecho. Ha sido una semana cojonuda. No llovió ni un día. Me he quedado todos los días en casa. Como dios.

No sé si sera cosa del tiempo, pero últimamente me muevo menos. No me apetece ni salir. Era un tío activo. Tenía la rutina de ir al gimnasio de lunes a viernes y lo complementaba hasta con una dieta. Una dieta que ahora llevo mejor. Por ejemplo, en mis desayunos se respira tranquilidad. Como un marqués. Para desayunar cuarenta gramos de queso fresco acompañados de treinta gramos de pan. Integral. La créme de la créme. Antes me lo comía de un bocado. Ahora, puedo estar medía hora con él. Me lo como con cuchillo y tenedor. Me sobra el tiempo. ¿No dicen que hay que digerir la comida con calma?. Pues yo lo hago. Mientras me como ese trozo de queso, puedo contar las naranjas que hay encima de la mesa. Los limones. Y uno, que se fija en todo, se da cuenta que faltan plátanos. Es una faena, porque ahora estoy un poco vago y hasta dentro de tres días creo que no iré al súper.

Y es que me da una pereza ir a comprar…. ¡con este solazo!. Y total, para ver al vecino. Era muy futbolero, iba al fútbol todos los sábados. Ahora siempre lo veo con la garrafa de lejía amarilla en la mano. Estoy convencido que se lee hasta la letra pequeña antes de meterla en el carro, porque tarda en volver a pasar por delante del bloque media hora. No me quiero ni imaginar lo limpio que debe de tener la casa. Se debe poder comer hasta en el suelo. O es limpio o es que en casa la mujer le tiene al hilo.

Para que voy a salir. No hace falta. Puedes asomarte en la ventana y a vista de pájaro ver como han cambiado las cosas. Te da tiempo a recrearte contando las ventanas del bloque de enfrente. Ya tengo fichado a todo el barrio. Eso sí, hay gente que no había visto nunca. Deben de ser madrileños que se han venido aquí a pasar unos días a su segunda residencia. Estas dos semanas el barrio no tiene nada que envidiar a Benidorm. Creo que a muy corto plazo la zona se va a revalorizar y vamos a poder observar un claro aumento en los alquileres. Así que aprovechar. Meteros en fotocasa y a comprar. Destino: Llaranes.

Hay gente de toda clase. Gente con perro. Con uno. Con dos… Eso si, hay perros a los que no les gusta salir. Hay que ayudarlos hasta para cruzar el paso de cebra. Pero ahí esta el dueño para animarlos. Venga Tobi. Tú puedes. Nosotros podemos. Debería tomar ejemplo del gran danés del final de la calle. Tiene el cuerpo esculpido como el de un galgo. Todo el día de paseo. Caso a parte, hay vecinos que son la envidia del barrio. Uno tiene cinco perros. De todos los tamaños y colores. Y con que glamour los lleva… Hasta con guantes. Será porque son perros caros. Que contradicción. Unos con perro y otros no. No es justo. A mitad de esta semana se me rompió el corazón. El niño del bajo, durante la comida, le dijo al padre «papa, quiero ir a esquiar». No alcancé a escuchar lo que le contestó el padre, pero auguro un «no tienes perro hijo». Así que, padres del mundo, para estas navidades nada de consolas. Decirle a los Reyes magos que ya están aburridos de tanto jugar. Los niños de hoy en día lo que os van a pedir un perro. Pero solo uno… que después hay que mantenerlos. Uno que valga para todos los días de la semana.

Y volviendo al tema de los guantes, debe ser que están de moda. Es raro ver gente sin guantes. Hay gente que no los lleva, pero te pueden mirar mal. Hasta los fumadores fuman con guantes. Y aquellos que no fumaron en la vida, ahora compran hasta papel de liar. Con guantes. Vista la tendencia yo me he comprado unos. Y un bote de hidroalcohol. Suele hacerse uso de el. Como complemento. Yo creo que es a modo de mantenimiento. Así que, aprovechando la ocasión, me he planteado empezar a cuidarme las manos y voy a dejar de morderme las uñas. Cuando acabe esto mis manos quizás lleguen a ser como las de un pianista: la fotografía va a pasar a un segundo plano. Si. Me haré pianista. Hay que reciclarse.

Y hablando del reciclaje. Ahora todo el mundo recicla. Todos los días. Creo que Cogersa ha sacado una campaña de reciclaje intensivo. Para que después digan. Fijaros si la gente esta concienciada que a última hora de la tarde hasta se forman colas en el contenedor amarillo. Todo el mundo allí, porque te fijas en el parque no hay un alma. E incluso hasta guardan turno a un metro de distancia unos de otros. Sin amontarse. Eso es organización. Y por supuesto con guantes. E incluso algunos con mascarilla.

Si es que hay gente que esta echada a la calle. Pero en mi casa no: a las ocho en casa. Hay que aplaudir. Cada día tenemos por regla asomarnos a la ventana y aplaudir. Ayer mismo tuvimos suerte, porque despedimos la semana aplaudiendo a una caravana de coches de policía, camiones de bomberos, ambulancias… para que la gente del barrio después se queje y diga que nos tienen abandonados. Coño, y encima nos aplauden ellos. Nos ponen hasta las sirenas. ¿Es o no para aplaudirles?. ¡Salimos todos!. Hasta la vecina de enfrente. Como aplaude la mujer.

Acabas de aplaudir y todavía tienes tiempo a mirar que pasa al otro lado del bloque. Yo me pongo a contar coches aparcados mientras hago la cena. Te das cuenta del suplicio que era aparcar antes. Podías llegar de trabajar y tirarte, fácilmente, cinco minutos buscando hueco. Ahora, te asomas a la ventana y siempre hay algún sitio libre. Suerte para el que lo pille. Pero no todo va a ser mirar por la venta. Además trabajo. Edito álbumes pendientes. Sesiones. Reorganizo agenda. Me acuerdo de que dentro de poco llega el trimestre… Y si puedo, escribo. A ratos puedes encender la tele, pero uno ya no sabe que poner. Acabas saturado de tanta pantalla. Últimamente siempre hablan de lo mismo. De un tal coronavirus.

Con lo bien que se está ¿cómo no me voy a quedar en casa?. Pero bueno, esta semana puede que cambie la cosa, porque el hombre del tiempo dijo que va a llover.

Llaranes, 2020

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